martes, 7 de septiembre de 2010

Una luz al final del túnel.

El zulo de todas las noches, en el que el más feliz era aquel quien había recibido una paliza pero con el consuelo de haber visto el sol y oído la voz de los que están fuera con la esperanza de volver a verlo, seguía sangrando esa herida hecha a consecuencia de las torturas recibidas por las personas que días antes lo habían llevado a rastras por el largo pasillo de su casa sin tiempo de despedirse de su mujer.

Su hijo de 23 años había intentado escapar hacia el país vecino del norte donde decían le esperaba la libertad.

Esa noche gracias a un dios en el que no creían, los sacaron en una camioneta pensando que había llegado el final sin haberse tomado ese café recién hecho que tenía cada mañana preparado por la mujer amada. Se escucharon palabras en un idioma hasta entonces desconocido para ellos, parecía que se les trabase la garganta. se les ocurrió mirar a uno de ellos por la ventanilla que daba a la cabina cuando vio que en uno de los sombreros que se encontraban estaba cosida una gran y esperanzadora estrella roja.

En ese momento gritó: ¡LIBERTAD!. Poco después se sintió una gran explosión y abrieron las puertas metálicas de la camioneta, habían llegado a Francia.